Bernhard Hartmann inmortalizó la majestuosa sala de lectura de la Biblioteca Pública de Nueva York, conocida como la Sala Rosa, en un momento único: la sala estaba completamente vacía, justo antes de su inauguración para los estudiantes. En esta composición fotográfica, todo está perfectamente alineado. Las largas mesas de madera se extienden, otorgando a la imagen su perspectiva central. Una pequeña lámpara individual descansa sobre cada mesa, cuya cálida luz ilumina toda la longitud de la sala. Las sólidas lámparas de araña de bronce cuelgan a intervalos regulares. En el techo, los artesonados dorados enmarcan los grandes frescos de cielos nublados pintados en 1911 por James Wall Finn para la inauguración del edificio. La sala es un ejemplo puro del estilo Beaux-Arts, el movimiento arquitectónico estadounidense directamente inspirado en la École des Beaux-Arts de París. Los altos ventanales arqueados dejan entrar la luz natural. Hartmann eligió cuidadosamente el encuadre para que ninguna línea se rompiera: las paredes son perfectamente rectas, tal como son en la realidad. Esta fotografía artística rinde homenaje a la arquitectura, la belleza y su poder tranquilizador sobre la mente.