Sanja Marusic
Sanja Marusic es una artista y fotógrafa neerlandesa-croata nacida en 1991. Graduada de la Real Academia de Bellas Artes de La Haya (KABK), vive y trabaja en Ámsterdam, al tiempo que desarrolla una práctica artística itinerante por todo el mundo. Su obra se basa en una exploración sensible de la identidad, la feminidad y la intimidad. Mediante el uso del cuerpo, el color y el paisaje, transforma la realidad en un material poético e introspectivo.
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1. Cuando fotografías a una mujer como mujer, ¿cambia realmente algo en tu relación con la persona retratada o en el transcurso de la sesión?
Para mí, la cuestión es un poco diferente, porque principalmente me fotografío a mí misma. La relación es interna, no entre dos personas, pero eso no la simplifica; al contrario, la hace más compleja. Soy tanto quien mira como quien es mirada. No hay distancia tras la cual esconderse, así que tengo que afrontar mi propia vulnerabilidad de forma muy directa. Al mismo tiempo, esto me permite una confianza y una libertad totales. Puedo arriesgarme, sentirme incómoda, ser diferente, sin necesidad de dar explicaciones a nadie. El proceso se vuelve así muy intuitivo, casi como un diálogo conmigo misma, donde navego entre el control y el desapego.
2. ¿Existen convenciones visuales heredadas de la mirada masculina que hayas intentado desmantelar conscientemente o, por el contrario, apropiarte?
Soy muy consciente de cómo los cuerpos de las mujeres han sido históricamente representados, fragmentados, idealizados y controlados. Intento resistirme a esto permitiendo la distorsión, el juego y la ambigüedad. Al mismo tiempo, no busco simplemente rechazarlo todo; a veces tomo prestado un lenguaje visual y lo subvierto, haciéndolo ligeramente incómodo o surrealista, de modo que ya no se comporta como se espera.
3. ¿Cómo han influido tu propio cuerpo y tu experiencia como mujer en tu forma de encuadrar, dirigir y elegir un momento?
Mi propio cuerpo es un punto de referencia constante. No solo en sentido literal, sino como un recuerdo, una sensación. Comprendo la tensión, la vulnerabilidad, el deseo de esconderse o de exagerar. Esto determina mi estilo de dirección, a menudo de forma muy intuitiva. Presto atención a los pequeños gestos, a cómo un cuerpo ocupa el espacio, a los momentos en que algo parece demasiado controlado y necesita relajarse. Se trata menos de perfección que de presencia.
4. ¿Te reconoces en lo que fotografías, o es precisamente la distancia entre tú y el sujeto lo que te interesa?
Ambas cosas. Hay momentos en que reconozco claramente algo de mí misma: una emoción, una postura, una especie de mundo interior. Pero también me interesa mucho la brecha, aquello a lo que no puedo acceder o comprender del todo. Esta distancia crea espacio para la imaginación. Si se tratara solo de mí, se cerraría; si se tratara solo de la otra persona, podría parecer distante. Es en la tensión entre ambas donde la imagen cobra vida.
5. ¿Crees que existe una "mirada femenina" distintiva, o esta noción te parece reduccionista?
Me parece simplista definir la mirada como intrínsecamente "femenina". Creo que es más interesante hablar de multiplicidad, de diferentes maneras de ver moldeadas por la experiencia, la identidad y el contexto.
6. ¿Qué querías transmitir sobre las mujeres y sus cuerpos a través de esta serie? ¿Y sobre ti misma y tu maternidad, ya que se trata de autorretratos?
Con esta serie, quise mostrar el cuerpo como algo cambiante y complejo, no solo un objeto para ser contemplado, sino algo que alberga emociones, recuerdos y transformación. A través de autorretratos y la dimensión de la maternidad, se volvió algo muy personal. Trata sobre el cambio, la vulnerabilidad, pero también sobre una especie de fortaleza silenciosa. No pretendía transmitir un mensaje claro, sino más bien una sensación, algo íntimo y a la vez ligeramente surrealista, como si el cuerpo fuera familiar y extraño al mismo tiempo.
7. ¿Qué te ha permitido comprender sobre ti mismo la creación de esta serie?
Esto me hizo darme cuenta de cuánto uso la fotografía para procesar cosas que aún no comprendo del todo. Esta serie se convirtió en una forma de explorar la identidad, la maternidad y mi relación con mi propio cuerpo a medida que cambia. También aprendí a aceptar no tener el control, a dejar las cosas abiertas, a permitir que existan en un estado de flujo. Sobre todo porque, cuando te conviertes en madre, ya no controlas todo: tienes que aprender a soltar tus propias ideas y necesidades. Esta mentalidad abierta me parece importante ahora, tanto en mi trabajo como en cómo me veo a mí misma.